El miedo obtuso que tienen algunas organizaciones empresariales o sindicales, pero sobre todo políticas y estatales, a la colegiación profesional de los periodistas o comunicadores sociales, surge no de la defensa de la libertad de expresión, de prensa o de información, sino más bien del temor a que –regidos por códigos de ética y con condicionamientos académicos de ingreso y permanencia- los comunicadores sociales en general y los periodistas en particular, pasen de ser simples engranajes del sistema a rectores de su funcionamiento.
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